El silencio de la madrugada en la mansión Turner se rompió sutilmente por el sonido de los pasos firmes de Alaric en el pasillo principal. Había intentado quedarse en el despacho, repasar los mapas portuarios y analizar los informes de inteligencia de Mike, pero la realidad era insoportable: no podía dormir en el sofá de la oficina privada sabiendo que su esposa estaba a unos metros, separada de él por un abismo de desconfianza.
Alaric se detuvo frente a la puerta de la alcoba principal. Colocó