Anastasia no corrió a esconderse. Se detuvo a mitad de las escaleras de la mansión, respirando hondo mientras el dolor de la traición se transformaba en algo mucho más peligroso: furia pura. Se dio la vuelta y bajó los escalones con una postura imponente, con la barbilla en alto y los ojos encendidos como dos brasas. Mónica y Coni se detuvieron detrás de ella, sorprendidas por el repentino cambio de aire de la joven.
Alaric seguía en la puerta del despacho, con el rostro tenso, viendo cómo Mike