En el búnker médico de la mansión Turner, el sonido de las máquinas de soporte vital marcaba un compás frío y constante. Daysi trabajaba sin descanso bajo las potentes luces blancas, con las manos firmes y enguantadas cubiertas de antiséptico. Tras un par de horas críticas de suturas intensas, transfusiones de sangre para compensar la hemorragia interna y la colocación de un drenaje torácico para liberar la presión en sus pulmones debido a las costillas fracturadas, el monitor cardíaco finalmen