Las pesadas puertas dobles del despacho se abrieron de golpe. Mike entró con paso firme, cargando un maletín táctico con sus dispositivos de hackeo militar. Justo detrás de él, con el rostro pálido y los ojos fijos en el suelo debido al miedo que le inspiraba el King, entró Coni. Al dar un paso al frente, Coni se detuvo en seco; la atmósfera en la estancia se podía cortar con un cuchillo. Ver el semblante de Alaric, congelado en una furia asfixiante, y a Mónica sentada en el sofá, llorando en s