En el búnker de la mansión Turner, las pantallas de alta definición parpadeaban con las actualizaciones en tiempo real del software de reconocimiento facial que Mike había desplegado en los puntos clave de la ciudad. Alaric se encontraba de pie, con los brazos cruzados sobre su imponente pecho, observando las alertas que el sistema acababa de lanzar desde el Centro de Convenciones.
Mike entró apresuradamente, tecleando con fuerza en su tableta digital. Su rostro reflejaba una mezcla de asombro