El gran comedor de la mansión Turner amaneció envuelto en una calma tensa. Alaric presidía la mesa, con su imponente presencia y la mandíbula rígida, mientras Anastasia se sentaba a su derecha. Frente a ellos, Daysi, Mónica y Coni desayunaban en un silencio sepulcral, roto únicamente por el tintineo de los cubiertos de plata sobre la porcelana. El ambiente cargaba el peso de los secretos de la noche anterior: el hielo indomable de Daysi hacia Mike, el shock silencioso de Mónica al procesar la i