Anastasia caminaba por los pasillos de la mansión arrastrando los pies, ignorando el dolor punzante en su costilla y la quemadura del raspón en su antebrazo, donde la sangre comenzaba a secarse sobre la tela de su vestido campesino. El rechazo de Mike y el peso del reloj la estaban volviendo loca. Desesperada, corrió hacia el ala médica buscando a la doctora Daisy. Necesitaba que ella usara su línea de emergencia para comunicarse con Alaric en el exterior.
—¡Daisy! ¡Daisy, por favor, responde!