SEBASTEN
El calor en el baño es sofocante. La adrenalina y el olor de nuestra unión saturan el aire. Siento la vibración del cachorro respondiendo a la intensidad del acto. No hay romance blando aquí; es un reclamo salvaje de estirpe. La embisto una última vez, con una profundidad que la hace arquear la espalda por completo, y me corro dentro de ella con un gruñido sordo que me sacude el pecho, justo cuando ella colapsa en su propio orgasmo, temblando en mis brazos mientras se aferra a mi cuell