SEBASTEN.
Llego a la mansión con la cabeza a punto de estallar. Este lugar es inmenso y seguro, pero hoy las paredes me asfixian. Me quito la ropa llena de tensión y me meto directo a la tina de agua caliente para calmar la rigidez de los músculos. Mi lobo sigue inquieto, dando vueltas, furioso por haber tenido a Fayir tan cerca y no haberle arrancado la cabeza.
El siseo de la puerta del baño me hace abrir los ojos.
Aurora entra. Trae mejor semblante y una sonrisa ligera en los labios. Se acerc