AURORA
Es él.
El dueño del monopolio tecnológico más grande de la ciudad es el mismo maldito desconocido al que le abrí las piernas hace unas horas.
El tipo se me viene encima como un depredador. No hay sutileza en sus movimientos. En dos zancadas rompe la distancia entre los dos, estira una mano enorme y me atrapa del cuello con una fuerza brutal. El impacto de su palma contra mi garganta me corta el oxígeno de golpe. Me levanta casi en vilo y me estampa de espaldas contra la pared de la sala