SEBASTEN
Se queda callada un momento, asimilando las condiciones. Sabe que no tiene mejores opciones y que la oferta de hablar con su familia es lo único que le importa.
—Está bien —acepta en un susurro, asintiendo con la cabeza—. Tenemos un trato.
Terminamos el desayuno bajo un pacto de tregua silenciosa. Me levanto de la mesa y me dirijo directo a mi despacho. En cuanto entro, cierro la puerta con seguro y presiono el intercomunicador para llamar a Gabriela. Pocos minutos después, la empleada