AURORA
En menos de media hora, todo estuvo listo. Sebasten no me dejó dar un solo paso en falso. Me levantó en brazos con un cuidado impecable, sosteniéndome contra su pecho mientras yo llevaba al bebé acurrucado sobre mi regazo. Cruzamos los pasillos en silencio y salimos por la parte trasera de la casona, internándonos en la reserva privada.
El camino se volvió un paisaje frondoso, denso, lleno de árboles gigantescos, vegetación virgen y flores silvestres que soltaban un aroma fresco y limpio