SEBASTEN
Alfred se pone de pie como un autómata, me hace un gesto rápido de agradecimiento con la cabeza y sale a toda prisa de la sala de juntas. La pesada puerta de cristal blindado se cierra tras él, dejando el espacio en un absoluto silencio.
Me giro despacio hacia Lenora, que ha permanecido de pie junto a la entrada todo este tiempo. Cruzo los brazos sobre el pecho y la miro directo a los ojos.
—¿Y bien? —le pregunto con tono seco y certero—. ¿Te parezco un hombre blando? ¿Viste a un Alfa