SEBASTEN.
Aparco la camioneta en el estacionamiento subterráneo de las torres de Apex-Tel. Apago el motor y miro a mi madre.
—Acompáñame —le digo seco, bajando del vehículo—. Vas a ver con tus propios ojos cómo manejo las cosas aquí.
Subimos por el ascensor privado hasta el último piso, donde se concentra el núcleo de telecomunicaciones de la compañía. Lenora camina a mi lado en silencio mientras cruzamos las puertas de cristal blindado hacia la sala de juntas principal. La tensión en el piso s