El ascensor de carga, una jaula de metal reforzado diseñada para mover servidores pesados, se detuvo en seco con una violencia que nos lanzó contra las paredes. El chirrido del metal contra los rieles magnéticos todavía vibraba en mis oídos cuando la luz principal se apagó, dejando paso al parpadeo intermitente y fantasmal de las luces rojas de emergencia.
Maya estaba en el suelo, respirando con dificultad. El golpe la había dejado aturdida. Me arrastré hacia ella, ignorando el dolor punzante e