La oficina de liquidación no tenía el brillo de mármol al que estaba acostumbrado. Era un espacio funcional, con paredes de color crema y un ventilador de techo que giraba con un chirrido constante. Sobre el escritorio de metal, se amontonaban los últimos documentos que llevaban el sello del Grupo Hoffman. Ya no firmaba contratos de adquisición o fusiones multimillonarias. Esta vez, firmaba la entrega de activos a fondos de compensación para las víctimas de las décadas de sombras.
El abogado me