Me alejé de las ventanas y bajé las persianas automáticas. El zumbido del motor eléctrico era el único sonido en la habitación, aparte de mi respiración agitada.
Me toqué el vientre con ambas manos. El bebé estaba inquieto, como si pudiera percibir la adrenalina que recorría mi cuerpo. Ya no era solo una cuestión de orgullo o de empresas. Era una cuestión de supervivencia biológica.
Julián entró en el salón. Llevaba una tableta táctil y se movía con una agilidad que no veía desde antes de su he