Julián sostenía la fotografía con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos. Yo, por mi parte, sentía el papel de la nota quemándome la palma de la mano. Lo había arrugado y escondido en mi puño antes de que él pudiera verlo, pero su reacción ante la imagen ya lo decía todo.
—¿De dónde salió esto? —la voz de Julián era un susurro peligroso, el tipo de sonido que precede a una explosión.
—Venía en el paquete —respondí, tratando de que mi voz no temblara—. Julián, esa es mi madre. Y ese eres