52. EL ALFA LIRIÓN
ALAYA:
Sentí como Alfredo se tensaba y apretaba mi mano con fuerza. Podía casi palpar su miedo cuando la pared se deslizó con un chirrido que me hizo estremecer. Por instinto me escondí detrás de él. Un gruñido aterrador hizo que todo a nuestro alrededor se sacudiera antes de que tres figuras enormes entraran con una ferocidad amenazante.
Alfredo se colocó entre ellos y yo, no sabía si me estaba protegiendo, o era parte de su actuación, pero me quedé aterrorizada detrás de él, solo asomando la