10. LA VISITA DE ZAYRA
ALAYA: Di un salto atrás, alejándome de mi jefe, que, de un tirón, me colocó detrás de él, escondiéndome de la recién llegada. Miré la puerta que estaba cerrada, ¿por dónde había entrado? —¿Qué haces aquí, Zayra? —preguntó mi jefe. —Vine a ver a la paciente —contestó la mujer, acercándose despacio. Era evidente que no era de la confianza de Reynolds—. Pero veo que está ocupada, mi Rey. —¡Fuera! —rugió mi jefe mientras giraba, sin perder de vista a la tal Zayra, que caminaba lentamente. Aunque no podía verla, no salí detrás de él; no me gustaba esa mujer—. No necesitamos tus servicios, yo me encargo de mi mujer. ¿Eh? ¿Su mujer? ¿Por qué decía eso? Solo habíamos compartido unos besos y ya era suya, ¡ni hablar! Mi mirada se desvió momentáneamente hacia Zayra, que sostuvo mi mirada con un desafío en la suya. Reynolds seguía plantado frente a mí, protegiéndome de la inquietante presencia de la doctora. —Rey, no deberías tratarme así —dijo Zayra con un tono despectivo—. Sabes qu
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