140. EPÍLOGO: UN FINAL FELIZ
ALAYA:
Reynolds tomó al bebé y se asomó a la ventana. Soltó un fuerte aullido anunciando la llegada del heredero. Un aullido resonó desde afuera. Luego otro. Y otro. Toda la manada estaba aullando, celebrando el nacimiento de su futuro Alfa. Podía sentir su alegría a través de los lazos que nos conectaban a todos, cada corazón latiendo con emoción y esperanza renovada.
—¿Cómo lo llamaremos? —pregunté mirando a Reynolds.
Mi Alfa contempló a nuestro hijo con expresión seria, pensando cuidadosa