116. LA FURIA DE MI MADRE
ALAYA:
Sentí las manos de Reynolds en mis hombros mientras mi cuerpo se estremecía sin que pudiera hacer nada. Por instinto, llevé mis manos a mi vientre donde latía su corazón aceleradamente. No podía hacerle daño.
—Sí puedes, mi Luna. Escucha mi voz —seguía diciendo Reynolds con sus manos colocadas una en mi vientre y otra en mi pecho—. Escucha a Ragnar.
—Reynolds, no sé qué hacer, siento cómo mi cuerpo se divide y se desintegra —dije desesperada.
—Mi Luna, cálmate y escucha mi voz de Alfa.