Elena regresó a la torre del Gamma mayor Eldric al día siguiente, con el corazón latiéndole con fuerza. El anciano seguía sentado en su gran sillón de madera oscura, con el rostro marcado por la duda. Cuando ella entró, él levantó la mirada lentamente, ya esperaba su visita.
—¿Entonces? —preguntó Elena, deteniéndose frente a él—. ¿A qué conclusión ha llegado, Gran Señor?
Eldric respiró profundo. Sin decir una palabra, abrió un cajón de su escritorio y sacó una carpeta gruesa de cuero. La sostuvo