Alejandro se quedó en silencio por un momento, respirando con fuerza mientras observaba a Alfonso. La rabia en su rostro se transformó lentamente en algo más calculado y frío. Fingió calmarse, levantando las manos en un gesto de paz.
—A ver, Alfonso… las cosas no tienen que ser como están sucediendo ahora —dijo con voz más serena—. Estamos alterados. Todos.
Alfonso gruñó entre dientes, sin bajar la guardia. Su cuerpo seguía tenso, listo para cualquier movimiento.
—No te metas en esto, Alejandro