La puerta de metal se cerró con un sonido sordo que retumbó en el pecho de Lila. La habitación del sótano era más fría y austera de lo que imaginaba: paredes de piedra gris, una cama sencilla con sábanas blancas, una mesa pequeña, un armario y un baño privado. Apenas entraba luz natural por una ventana alta protegida con rejas gruesas.
—Estarás aquí mientras todo se aclara —dijo Alfonso con voz seria, casi impersonal.
Lila sintió que algo se rompía dentro de ella. Giró sobre sus talones, sus oj