Los días siguientes transcurrieron en una extraña calma. Sara aparecía cada mañana en el consultorio con la carpeta bajo el brazo y una sonrisa que parecía sincera. Traía registros antiguos, testimonios de ancianos y hasta algunas muestras de plantas recolectadas en los límites del territorio. Lila, aunque mantenía la guardia alta, agradecía el avance real que representaban aquellos documentos. El trabajo avanzaba más rápido de lo esperado.
Pero una mañana, todo cambió.
Alfonso entró al consult