MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 68. En extremos opuestos
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 68. En extremos opuestos
Camilo también se quedó paralizado cuando la vio.
No fue algo evidente para el resto. Nadie habría notado que, durante un segundo exacto, el aire dejó de entrarle en los pulmones. Pero él lo sintió. Seija estaba a pocos metros, con un vestido sencillo y elegante, el cabello suelto y esa expresión firme que siempre había tenido cuando decidía no mostrar lo que sentía.
Había cambiado, por supuesto. Quizás no en lo esencial, no en la mirada; pero