Isabel cerró los ojos y sonrió, una sonrisa amplia que le arrugó las comisuras de los ojos. Releyó el mensaje de Jared una y otra vez. Yo no he podido pensar en otra cosa.
Antes de que pudiera teclear una respuesta, la pantalla de su teléfono cambió. Una llamada entrante. Y en la pantalla, el nombre que ahora lo ocupaba todo: Jared.
Su corazón dio un vuelco. Se levantó del sofá de un salto, con una mezcla de pánico y euforia. Dudó un segundo, con el pulgar flotando sobre el botón verde. Tomó un