La noche había sido densa. Greco apenas durmió, si es que en algún momento cerró los ojos. Afuera, el amanecer apenas despuntaba, tiñendo el cielo de un gris opaco. Dante entró en la habitación con paso decidido.
—Tenemos que movernos, Greco —dijo con tono firme—. Ya estamos en las afueras. Hay casas que cumplen con lo que buscabas. Silencio. Espacio. Anonimato. Podemos alquilar una y establecer una base segura.
Greco se alzó del borde de la cama, se colocó la camisa a medio abotonar y asintió.