La noche era pesada, húmeda, el cielo cargado de nubes como si la ciudad entera aguardara una tormenta. La bodega donde se realizaría el intercambio estaba rodeada de camiones oxidados y cajas apiladas, un terreno baldío donde el silencio era más peligroso que el ruido.
Vittorio llegó en su coche blindado, escoltado por una decena de hombres armados hasta los dientes. Desde su silla de ruedas, supervisaba cada movimiento con la mirada dura de quien sabe que un error puede costarle todo.
La caja