Jardín frente al mar — Atardecer
El cielo era una pintura.
El altar, simple y elegante, cubierto de rosas blancas y cintas azules.
El mar estaba tan quieto que parecía contener la respiración.
Los invitados —familia, empleados, amigos— ocupaban sus lugares.
Ravenna, impecable, sostenía a la pequeña Victoria; Ramsés jugaba con Dante Jr. a un costado.
Nonna y Lorenzo esperaban en primera fila, tomados de la mano.
Greco entró primero, caminando con paso firme.
El bastón marcaba el ritmo: lento, so