De vuelta en La Fortaleza, Nuria escondió la caja metálica en el fondo de su armario, sepultándola bajo una pila de mantas de invierno, se sentó en el borde de la cama con el corazón latiéndole desbocado, el reloj digital marcaba las 03:15 AM.
Tenía el dinero, tenía las pruebas contra su padre y tenía un nombre grabado a fuego en su mente: Vólkov, la familia de Katya no eran simples banqueros; eran los socios peligrosos de los que hablaba su madre.
Nuria sacó su teléfono, tenía que llamar a León