La biblioteca de La Fortaleza estaba en silencio salvo por el sonido de las páginas al pasar y el repiqueteo de la lluvia contra los cristales.
Eran las dos de la mañana, Nuria llevaba horas sentada frente a una montaña de carpetas que Elena le había dejado antes de irse a dormir, eran los estatutos de la empresa, los informes de gestión y los resúmenes de inversiones.
Nuria se frotó los ojos cansada, las letras bailaban frente a ella, pero se obligó a seguir.
Recordaba la mirada de Katya.
Nunca