La entrada de La Fortaleza estaba abarrotada, al otro lado de las rejas, los flashes de las cámaras se podían distinguir, Rafael Alacazar con su mejor traje y con una cara de buen padre, un padre afligido, hablaba con reporteros de televisión mientras su abogado sostenia una carpeta de documentos en alto.
¡Solo quiero ver a mi hija! —gritaba Rafael para que los micrófonos captaran su desesperación—. ¡Su madre está destrozada en casa, sin saber si Nuria está bien!
León observaba la escena desde l