Elena no recordó cómo salió de la oficina de Rodrigo.
Solo recordó su voz detrás de ella.
Firme.
Baja.
—No hables con culpa. Habla con límites.
Y luego, ya en la puerta:
—Si la situación se complica, me llamas.
El trayecto de regreso fue una sola línea tensa.
Semáforos eternos.
Manos frías sobre el volante.
El teléfono en el asiento del copiloto por si Lucía volvía a llamar.
En su bolso, la copia firmada del poder legal y la libreta azul.
En su mano izquierda, la ausencia del anillo.
Todavía se