Mañana no me resistiré más.
Mañana tomaré una decisión.
Elena leyó las palabras que había escrito en su cuaderno azul a las cuatro de la mañana.
Después las leyó de nuevo a las seis y doce minutos.
Con la luz grisácea del alba filtrándose por las cortinas.
Con los ojos hinchados.
Con la garganta seca.
Con todo su cuerpo recordándole que nunca duerme profundamente.
Esta vez, las palabras no le parecieron dramáticas.
Sofía se despertó a las seis y treinta.
Sin fiebre alta.
Pero con el rostro apag