Elena no volvió a tocar la foto de la inauguración enseguida.
La dejó sobre la mesa metálica del banco, al lado de la carta vieja y de la carpeta verde.
Necesitaba mirarla desde lejos primero.
Como se miran las heridas antiguas cuando por fin dejan de fingir que fueron raspones.
En la foto, ella sostenía una copa.
Reía.
El cabello suelto.
Los ojos encendidos de una mujer que todavía creía que la alegría no se negocia.
Detrás, un poco borrosos, Daniel y Valentina inclinados uno hacia el otro com