El día de la reunión amaneció con una claridad que contrastaba con la tormenta que llevaba dentro. Llevaba tres días preparándome para ese momento, repasando cada detalle de la prueba de ADN, cada certificado médico, cada documento que pudiera demostrar que lo que Julián había sembrado era una mentira. Pero no era solo la evidencia lo que me preocupaba. Era la forma en que me mirarían, el peso de sus dudas, la posibilidad de que, a pesar de todo, no me creyeran.
Rocco estuvo en silencio durante