La mansión estaba en silencio cuando regresamos de la torre. No era el silencio vacío de los días anteriores, ni la quietud tensa que precedía a las tormentas. Era un silencio diferente, más pesado, como si el edificio mismo estuviera procesando lo que había ocurrido. La victoria ante la junta había sido contundente, pero también había dejado una huella que ninguno de los dos sabía cómo nombrar.
Rocco subió las escaleras sin decir una palabra. No me miró, no se detuvo, no me dio una señal de lo