El vestíbulo de la Torre Fénix nos recibió con su fría elegancia corporativa. Los mármoles negros y las luces led de tono azul proyectaban una atmósfera perfecta, diseñada para intimidar a cualquiera que no perteneciera a la cúpula del poder. Los empleados que cruzaban nuestro camino bajaban la mirada y se hacían a un lado, como si presintieran que una tormenta estaba a punto de desatarse. El aire olía a dinero, a poder, a secretos bien guardados.
Rocco caminaba a mi lado, con el paso firme y l