Capítulo 70.
POV Martina.
Una llamada irrumpió en la quietud de la tarde mientras revisaba documentos en mi oficina, el sol filtrándose a través de las persianas en rayos polvorientos que iluminaban pilas de papeles como acusaciones mudas. Reconocí el número de inmediato —un contacto italiano que Dante me había proporcionado—, y un escalofrío me recorrió la espina dorsal. Sentí la tensión apretando mi pecho como una garra invisible, pero respondí con la voz firme que había forjado en años de batallas, una armadura contra la debilidad que no podía permitirme mostrar.
—Martina... —la voz al otro lado era profunda, lenta, casi fatigada, cargada del peso de una vida de sangre y traiciones—. Soy Alessandro Salvatore.
No dio más detalles. No hacía falta. El mero sonido de su nombre evocaba la masacre que Manuela había perpetrado en Italia: gargantas cortadas, cuerpos retorcidos, una familia destruida por su ambición. Él, el sobreviviente, el hijo que había escapado para reconstruir su venganza en las so