C94: Es insignificante.
Askeladd había llegado a su estudio, cerrando la puerta detrás de sí y avanzando hasta el escritorio. El mobiliario estaba dispuesto con una pulcritud casi militar: los documentos perfectamente alineados, la pluma apoyada sobre un tintero de cristal, y los sellos reales ordenados por jerarquía.
Se sentó en su butaca de respaldo alto y desplegó uno de los pergaminos que aguardaban sobre la superficie. Su mirada, penetrante y concentrada, recorría cada línea con la paciencia de un hombre acostumb