C62: Las dudas del Rey Alfa.
Askeladd, acompañado de todos los rastreadores y de Ragnar, regresó a la residencia en Sterulia. El camino de vuelta estuvo silencioso, solo interrumpido por el crujir de sus pasos sobre la tierra y las hojas secas.
Al llegar, Askeladd se dirigió a Ragnar y le dio instrucciones precisas: se debía preparar una sepultura para todas las lobas que habían perdido la vida. No había posibilidad de separar los restos dispersos, así que todo se enterraría en un solo sitio: cenizas, huesos, fragmentos de piel, incluso la piel de la loba que Milord había conservado.
También se debía dar la noticia a sus familiares directos —madres, padres, esposos— y todo ellos debían recibir una indemnización. Aunque ninguna compensación podría borrar el dolor ni reemplazar a las vidas que se habían perdido, al menos les permitiría permanecer un tiempo en luto, atravesar el duelo y asegurar su subsistencia antes de retomar las labores habituales.
Cada nombre, tanto de las lobas como de sus cachorros, fue inscri