En ese momento, algo se rompió dentro de Elenya. Una furia ardiente, imposible de contener, la envolvió por completo. Su carácter, normalmente sereno, cedió ante el peso insoportable de la traición. Sin preocuparse por la solemnidad del lugar ni por la imponente presencia del Rey Alfa, alzó la mano y la dejó caer con fuerza sobre el rostro de la loba roja.
Antes de que Elenya pudiera apartarse, Askeladd, con un movimiento tan rápido como contundente, atrapó su muñeca.
—¿Qué crees que estás haci