C156: Le dije que podía usarme.
Azucena permanecía respirando entrecortadamente, mientras escuchaba las palabras suaves —casi sedosas— que Milord lanzaba desde el otro lado de la puerta. En otro tiempo, quizás, habrían sonado como promesas de seguridad, incluso de afecto. Pero para ella eran dagas envueltas en terciopelo.
Sabía demasiado bien de lo que era capaz Milord: su brutalidad, su astucia y su manera de disfrazar el dominio con frases dulces. Cada palabra que oía no la calmaba, sino que avivaba su recelo. ¿Y si todo aq