C119: Tu corazón no le pertenece.
Azucena permaneció estática, con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Jamás habría imaginado que alguien como Askeladd, siempre tan distante, serio y frío en sus acciones, se mostraría con tal franqueza.
Aquella confesión lo despojaba de esa coraza de dureza con la que ella siempre lo había percibido. Por primera vez, lo veía no como el guerrero implacable ni como el hombre impenetrable, sino como alguien que, al menos por unos instantes, se dejaba arrastrar por la fuerza de sus emocio