Capítulo 42. Sentimientos innegables
Sofía abrió los ojos muy lentamente, y cuando reconoció su entorno, su pulso se disparó.
Estaba en la oficina de Marcus.
Escuchó voces.
Era él, y un hombre.
— Muchas gracias por venir, doctor — dijo Marcus, a modo de despedida, después cerró la puerta.
— ¿Qué… me pasó? — preguntó Sofía en cuanto quedaron solos.
Marcus alzó la vista y la miró. Estaba recostada sobre el elegante sillón junto a la ventana.
— Te desmayaste, pero afortunadamente todo está bien. Tú y nuestro hijo lo están.
La forma ta