El caos estalló fuera de la villa Montes. Decenas de reporteros rodeaban las puertas, sus cámaras lanzando flashes como ráfagas de ametralladora. Dentro, el aire era tan denso que resultaba difícil respirar. Valeria sostenía a Mateo, quien afortunadamente se había vuelto a dormir, ajeno al escándalo que devoraba el nombre de sus padres en internet.
Sebastián estaba de pie junto a la ventana, observando a la multitud. Su rostro, antes arrogante, ahora reflejaba una derrota absoluta. El video no