El mundo blanco de la habitación 000 comenzó a parpadear con la violencia de una cinta de película vieja atrapada en un proyector en llamas.
Valeria Miller no se dejó amedrentar por el colapso de las paredes ni por el desvanecimiento de la figura de Sebastián; en su lugar, se concentró en el latido rítmico que sentía en lo profundo de su ser, un sonido que no pertenecía al código binario.
Cada latido era una grieta en la perfección del Nexo, una señal de que el cuerpo físico de Valeria, a kil