El resplandor plateado no trajo dolor, sino una ausencia absoluta de sensaciones.
Valeria Miller sintió que su conciencia se estiraba como un hilo de seda a través de un vacío sin dimensiones.
La Esfera de Mateo, con sus cielos violetas y su lógica de silicio, se había desintegrado en mil fragmentos de memoria.
Durante lo que parecieron eones, Valeria fue solo un pulso de luz roja navegando por el torrente de energía que el detonador había liberado.
Cuando finalmente la gravedad reclamó su cuer